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El camino a la conciencia clara.

 

Colección de los artículos – 01

 

 

0037. Gaviota:

«El deseo mecánico compartir las impresiones»

 

He notado la manifestación del deseo mecánico de compartir las impresiones. Esto sucede más a menudo, cuando hay un acontecimiento importante y tengo las impresiones vivas. Además antes no había tenido previsto los deseos de estas impresiones por esto la impresión es más fuerte. Por ejemplo, hace un par de días en el parking que está delante de mi casa se encendieron 10 coches. Por la noche me desperté por sonidos parecidos a explosiones, salí al balcón para mirar que estaba pasando y me sorprendí mucho cuando vi que entre mi coche y los coches que ardían había sólo 2 coches y si no hubieran llegado los bomberos muy rápido, mi coche se habría encendido también. He descubierto que hay un deseo de que mi coche también se encienda (!), y este deseo está determinado también por el deseo de las impresiones, por el deseo de compartir las impresiones. En el trabajo caí en la torpeza y conté todos los detalles este acontecimiento pintoresco. Estos acontecimientos se perciben como algo insólito, interesante, digno de la atención, y esto significa que soy testigo de este tipo de acontecimientos significativos y esto significa que yo también soy una persona interesante y significativa. Siempre que hay algo insólito, poco parecido a la rutina diaria, hay un deseo de compartir inmediatamente esto con alguien, por lo menos llamar a alguien y contárselo todo. Los relatos sobre tales acontecimientos empiezan con las palabras «¡imagínate!..», para captar en seguida la atención. Todos estos acontecimientos subrayan que soy una persona original, tipo mirad, señores y señoras ¡qué cosas pasan conmigo!

Este deseo se demuestra en mí desde hace mucho tiempo, el deseo de dejar a alguien boquiabierto, causar impresión para que la gente note que lo tengo todo de otra manera, que mi vida es más interesante y llena e incluso es más peligrosa pero al mismo tiempo insólita no como la de los demás. En ll DI me gusta recordar estos acontecimientos, su "importancia", de hecho, ¡no todos son capaces de vivirlo! Es uno de los modos de aplastar la grisedad, el aburrimiento y la rutina diaria, es como «llenar del sentido» la vida con las impresiones. En realidad no existe ningún relleno ni potencia viva en todo esto. Si consigo producir el efecto de shock buscado, aparece la satisfacción, SImP, torpeza, empiezo una carrera febril a algo brillante, y al mismo tiempo vacío. Después de la realización de este deseo aparece la desolación desagradable, no hay claridad ni aspiración. De hecho con todas estas impresiones, con los relatos sobre ellos, con las tentativas de causar impresión a los demás sólo trato de TAPAR ESTE agujero de grisedad y la insustancialidad de la vida, pero es imposible TAPAR el agujero con estos medios sino hacerle es aún más grande, y el sentimiento de desconsuelo se hace aun más grave e insoportable por la grisedad que reprime. Cuando no tengo a nadie con quien podría compartir las impresiones o si esta persona reacciona indiferentemente, entonces tengo un desengaño. No me gusta la manifestación de este deseo, y no hay un deseo de realizarlo porque sé que va a pasar después de la realización: percepciones indeseables para mí.

El deseo de compartir las impresiones está determinado por el deseo de ser diferente y no diferenciar con algo banal como la ropa o el coche sino con algo original. En la base de este deseo está la concepción que sin acontecimientos insólitos la persona no es interesante, es aburrida. Además, la vida de la persona habitual, sumergida en las EN y en el FN es realmente tan desesperada y tan aburrida que sólo los acontecimientos brillantes la galvanizan por lo menos un poco.

Comienzo a recordar de dónde ha salido este deseo y por qué se ha convertido en la costumbre. En infancia hacía a menudo algo extraordinario, anormal según la opinión de los demás: a mí me gustaba trepar a través de las cercas, andar por los techos, estar sentada sobre los árboles, robar las frutas de los jardines. Para mí esto no era algo anormal, insólito, pero oía a menudo los comentarios de los padres y los vecinos que siempre me metía en algún lugar, siempre iba donde estaba prohibido... Con el tiempo estos comentarios empezaron a gustarme, esto ya se convirtió en el piropo de que no soy como los demás y que me encuentro constantemente en el remolino de los acontecimientos, mi vida es brillante.

Por ejemplo, uno de los libros infantiles favoritos era el de Karlson, leí este libro no menos de 30 veces y me gustaba mucho que este hombrecillo ridículo causa impresión a la gente con sus acciones inordinarias. En el libro de las aventuras increíbles de Karik i Valia[1] se trata de los niños que bebieron un remedio diminutivo, se hicieron muy pequeños y se encontraron en el mundo enorme y desconocido. También me gustaban mucho las aventuras del barón Münchausen, las aventuras de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn. Las aventuras de Nosabenada. Casi todos los libros favoritos de mi infancia contienen la palabra "aventura", esta palabra a mí me gustaba en la infancia y me gusta ahora porque da por algo misterioso, peligroso, por algo que agita engancha, por algo misterioso. Los héroes de estos libros hacen algo insólito y caen en las situaciones insólitas.

Tenía el deseo de hacer algo inhabitual pero como no resulta hacer nada especialmente insólito en la vida ordinaria este deseo fue transformado en el deseo de compartir las impresiones.

Ahora tengo el deseo de no experimentar este deseo mecánico de compartir las impresiones sino sustituirlo por los deseos alegres que engendran aspiración, energía, frescura.

 



[1] Libro del autor ruso Yan Larry