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0084. Skvo:

«La simpatía hacia el mundo ».

 

Tengo varios recuerdos de mi infancia en los que siento una simpatía fuerte, encanto, alegría. La hierba alta que parece un bosque a través de la cual estoy mirando los rayos del sol,... la mano de alguien pasa entre la hierba brillante y veo las fresas aun más brillantes si es posible... un encanto increíble cuando veo el agua del río... pinos que se parecen a gigantes sonrientes... una ternura maravillosa hacia las mariposas. La extraversión absoluta y la confianza hacia el mundo, cada acción está llena de alegría, inspiración, encanto. Cada acción es un descubrimiento. Me contaron la siguiente historia sobre mí: me acerqué a un perro guardián y lo abracé fuertemente. Ahora cuando pienso que  se puede vivir así, cuando percibes a cada ser vivo como a alguien íntimo y experimentas tanta simpatía incondicional y tanta confianza, aparece el encanto y la anticipación.

Recuerdo que si me gustaba algo, estaba dispuesta a lanzarme a por ello sin pensar y sin dudarlo, tanta pasión por la vida tenía. Me gustaba mucho hablar con la gente, pero no recuerdo que fuera por aburrimiento. Tenía tantos deseos alegres, que simplemente me arrebataban, incluso quería comunicarme con la gente, me gustaba mucho experimentar la simpatía. Recuerdo que quería mucho ver alrededor de mí mucha gente alegre, alegre como yo, quería darles mi alegría, entregarla porque era increíble cuanto la tenía.

Cada día me enseñaban a olvidar esta simpatía y la confianza hacia el mundo. La gente engaña y traiciona, pagarás por tu simpatía, te harán daño, no se puede abrazar a los perros porque te pueden morder o pegar una enfermedad; no toques a los escarabajos porque es peligroso, te pueden picar, no se sabe qué esperar de ellos; podrás ahogarte en el agua, te perderás en el camino del bosque, no se puede correr rápido porque te caerás o puede atropellarte un coche, etc. Llegó la indiferencia hacia la vida, la grisedad total y la rutina. Hoy me he dado cuenta de que la gente que me rodeaba y el resto del mundo (hay muy pocas excepciones) que he encontrado hasta ahora  nunca sintieron ni expresaron verdadera simpatía o ternura o alegría. Siempre manifiestan una simpatía falsa. Nunca me gustó ver como la gente habla mecánicamente de algo positivo, de algo supuestamente alegre, de la percepción de algo bonito según ellos, siempre quise escaparme lo más lejos posible de esto.

Pero lo más horrible es que yo hacía y hago lo mismo. Sé cuando sería bueno experimentar algo positivo y finjo que lo experimento. Aprendí muy bien este papel. Puedo mirar el mar y comprender que aquí hay que experimentar algo tipo admiración y digo algo en plan “mira, qué horizonte más bonito... sí, el mar es una preciosidad”. Y lo mismo pasa con cualquier otra cosa, y especialmente con todo lo que se refiere a la simpatía de la gente. Veo las manifestaciones de algunas personas, las analizo, aparece el pensamiento de que se debe experimentar simpatía y yo misma me convenzo de que la siento aunque en ese tiempo la simpatía no aparece ni espontáneamente ni como resultado del cambio en las percepciones. Todas las percepciones que aparecieron antes de esta simpatía falsa fueron desplazadas a pesar de que no son tan cortas, como mínimo suelen durar 3-5 segundos. En total si me preguntan (o me pregunto yo misma) si me gusta lo que hace esta persona, digo que me gusta, que engendra simpatía pero en realidad no tengo ninguna percepción de la simpatía misma. ¿Entonces qué hay? Más a menudo está presente el siguiente conjunto de percepciones: la satisfacción de la posesión (tengo algo bueno), la grisedad (no ha cambiado nada), la desilusión vaga (podría experimentar algo más interesante pero no me sale), la satisfacción (puedo causarme una impresión por mi sensibilidad a la belleza, después podré hablar de lo que he visto, etc).

Hasta el último momento retuve la sensación de repugnancia hacia los perros. Ahora veo con sorpresa que revivo un verdadero cariño cuando les miro a sus ojos, paso la mirada por sus costados, su espalda (casi nunca se puede tocar a los perros), toco sus narices húmedas. Me gustaría acariciar con mucho placer a cada perro que encuentro, sobre todo si se trata de un perro vagabundo,....  hace un par de días vi pasar por la calle a un elefante o mejor dicho a un elefante muy joven, después pasé varias horas recordándolo, tuve ganas de tocarlo, pasar la mano por su cuerpo, abrazarle, empujarle... Durante toda mi vida adulta tuve pánico a los escarabajos. Recuerdo como una vez estaba sentada debajo de un árbol y se me cayó un escarabajo dentro de la camiseta. Fue un acontecimiento tan desagradable que durante unos meses después hablé de él y todos me compadecieron, así que mi repugnancia a los insectos estaba justificada. Hoy he visto a un escarabajo grande de color azul vivo. ¡He sentido tal encanto! Tenía la espalda tan lisa y brillante, agitaba sus alas azules y transparentes tan rápido, estaba tan ocupado y al mismo tiempo tan juguetón volando de una flor a otra – cada movimiento suyo engendraba en mí embates de cariño y simpatía como si fuera un ser querido que quisiera jugar y se hubiera convertido en un escarabajo. El mundo de la naturaleza “inanimada” antes como máximo podía provocar el placer estético. Después de mi encuentro con el escarabajo me encontré con el océano y éste no era un elemento muerto y amorfo. ¡Era un ser potente y juguetón hacia el que también se puede sentir cariño!

Los embates de estas PI por ahora son muy cortos pero se diferencian tanto de las demás percepciones habituales que hasta me asoman las lágrimas a los ojos. Es lo mismo que estar durante mucho tiempo en una habitación oscura que a veces es gris, o a veces a través de las rendijas entra luz turbia, indefinible y de repente alguien enciende la luz directamente en la habitación y no hay ninguna duda de que es puramente diferente de todo lo que conoces. He comprendido que todavía ni he empezado a vivir, que morí ya hace mucho tiempo, no sé cuantos años tenía entonces, quizá 2 años, o tal vez tres. Pero después de entonces no viví, fui un cadáver total y sólo ahora en este lugar empieza a despertarse algo en mí. Lo revivo como el regreso a aquellas percepciones lejanas.

Tengo un deseo alegre de recordar qué percepciones tenía en este lugar cuando era pequeña. Era un ser completamente diferente. Lo que se manifestó después era otra persona, era basura, no tengo deseos de pensar que era yo y hacerlo corresponder con mi historia personal. Tengo el deseo de analizar aquella experiencia que fue recibida por otro ser y al mismo tiempo tengo el deseo de dejar de pensar que era mi historia personal.