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0089. Skvo:

«Las tenebrosidades que aparecen durante el estudio colectivo de las concepciones».

 

1. Aparece el deseo de comentar todas las frases del interlocutor aunque algunas de éstas no tengan nada que ver con el tema del estudio, y como resultado la conversación discurre errática.

Las razones:

à) El deseo de las impresiones. Me da igual en qué pensar porque disfruto del proceso mismo de pensar, de la comunicación misma, experimento una excitación emocional muy especial y en el momento en que aparece el deseo de marcar cualquier contradicción no quiero negarme a su realización. Antes, esta excitación aparecía cuando resolvía un crucigrama o cuando miraba un programa de la televisión donde había que contestar a preguntas. Me gusta recibir las impresiones del proceso de esforzarme un poquito y recibir el resultado, ponerme buena nota o que me la ponga otra gente. Si no realizo este deseo, enseguida aparece el sentimiento de la pérdida o sea el complejo de las EN – desilusión, aburrimiento, etc.

b) El SImP. No puedo pasar de cualquier tontería evidente para mí sin indicarla. Quiero aparentar ser lista, quiero demostrar a mi interlocutor que lo veo todo, que nada podrá escapar a mi superinteligencia.

 

2. Me olvido del problema por cuya solución empezamos la discusión y empiezo a pensar en otras tareas.

Las razones:

à) El deseo de iluminar. Quiero que mi interlocutor me comprenda totalmente, que empiece a compartir mi punto de vista en todo lo que se refiere a nuestra conversación. Ese también, en la mayoría de los casos, es el deseo de las impresiones, cuando veo que alguien empieza a comprender algo gracias a mis explicaciones.

b) El sentimiento de la insignificancia propia (SInsP). Si una persona no me entiende e indica mis tonterías, aparece el SinsP, que no quiero eliminar con esfuerzo. Quiero comprobar en mi interlocutor sus tonterías aunque ya veo que no ha manifestado ninguna en este caso.

c) La malicia. Me gusta marcar las tonterías ajenas y quiero, cueste lo que cueste, alcanzar el beneplácito del interlocutor sobre que realmente ha manifestado una tontería. Me gusta cuando la gente aparenta ser tonta, sobre todo cuando yo misma sigo aparentando ser la lista.

 

3. No puedo parar aunque ya poseyera la claridad de que no hago lo que quiero. Tengo el deseo de poner el punto y final y es importante que sea yo quien lo ponga.

à) El deseo de las impresiones. A pesar del envenenamiento (o sea el complejo de las EN que aparece) de que no hago lo que me apetece, sigo recibiendo estas impresiones, no quiero rechazarlas.

b) Quiero que todo quede determinado, yo soy lista, y él es tonto. No me gusta cuando esto no está claro, surge la incomodidad.

 

Quiero seguir estas reglas:

1. Cuando recibo una respuesta del interlocutor, contestar sólo a uno o dos razonamientos.

2. Recordar el problema inicial, el objetivo que tenemos y por el que empezamos la discusión, así que hay que revisar que el tema actual corresponda a esta tarea.

3. Si aparece el deseo de explicar algo, investigar este deseo, en la mayoría de los casos, no es alegre ni iluminado.

4. Cesar la conversación en cuanto resolvamos el problema. Si en el proceso de la conversación aparece el deseo de empezar una nueva discusión, emprender precisamente la nueva conversación después de determinar claramente su tema.