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0092. Lince:

«El mecanismo de negar la elección».

 

Más o menos hace un mes que tuve el deseo de empezar a practicar judo y el inglés. Cada curso me ocupaba dos horas dos veces a la semana, y cuatro horas más para hacer los deberes de inglés, normalmente estudiaba después del trabajo. Pasadas dos semanas descubrí que mi vida se había convertido en una pesadilla, siempre corriendo a todas partes, y siempre llegando tarde, nunca tenía tiempo para acabar las cosas, las dejaba, empezaba otra actividad, y así sucesivamente sin parar, obviamente la cantidad de EN era enorme. Lo más importante era que no tenía tiempo para realizar el trabajo planeado de mi práctica. Tenía un montón de deseos sobre todo relacionados con el estudio de las concepciones, mi relación con diferentes percepciones, las relaciones con la gente, sin embargo no tenía tiempo para esto y podía hacer sólo  1/50 de lo que tenía pensado. Antes ya había tenido el deseo de hablar con mi jefe para que me diera un día libre más, porque no había mucho trabajo, pero al final no había tenido la decisión suficiente para realizar este plan, me parecía que nunca era buen momento, y no se podía hacer en el trabajo. Cuando empecé a ir a las clases de inglés y judo, me di cuenta de que ya no había remedio, tenía que cambiar algo. Decidí dejar las clases de inglés pero de todos modos pediría un día libre. Claro que me afligía por haber dejado el inglés pero no voy a describirlo aquí, no hay nada interesante en esto. Pero me quedé muy sorprendida de lo que había pasado cuando había empezado a inventar qué le diría a mi jefe para argumentar mi deseo de tener un día libre. Hasta aquel momento no había dudado de no querer llevar la vida que llevaba: trabajar cinco días a la semana y pasar en el transporte 4 horas cada día, que quería hacer lo que me gustaba y quería hacer muchas cosas. Pero cuando me puse a inventar argumentos, resultó que no quería cambiar nada. Aparecieron el miedo, el SInfP delante de la gente, entonces mi deseo me pareció insignificante porque TODO el mundo trabajaba ocho horas cinco días a la semana y significaba que yo también debía hacer lo mismo. Me percibí como a una chica pequeña y tímida que trataba de salir de una columna ancha de gente que marchaba firme, trataba de separarme de la máquina de la sociedad para la que yo no era nadie. Se me ocurrió que mi vida igual no era tan difícil, que podría acostumbrarme, además todos vivían así y no se podía tener tanto morro – toda la gente, incluso mi jefe, todavía no habían tenido vacaciones y trabajaban todos los sábados, y yo debía tener mucha cara que quería un día libre más, encima esta práctica no depende para nada del trabajo, ya que lo más importante es aplicar los esfuerzos. Fue sorprendente, porque pensaba muy a menudo en cambiar de trabajo, cambiar de vida y sólo hace una semana había hecho un estudio dedicado a lo que me gustaba o no me gustaba de mi trabajo y fijé cien veces que no me gustaba trabajar cinco días a la semana y tardar tanto en llegar a la oficina y de repente ya no me importaba nada. De repente me di cuenta de que tenía mucho miedo de cambiar algo, ni siquiera todo aquello que me molestó durante dos años si no más tiempo, y creo que no había nadie que se dedicara a la práctica y aún no se hubiera lamentado que tenía un trabajo muy duro. Y entonces comprendí cómo uno elige su vida. Uno siempre elige: puede cambiar algo y si no lo hace, elige la opción de no cambiar nada y dejarlo todo tal como está. Es difícil, complicado, cansa mucho, sin embargo es lo acostumbrado y por eso es cómodo, por las EN de despedirse de esta comodidad se desplazan  las ideas de cambiar algo a pesar de que sólo hace una hora escribí que me sentía muerta porque no tenía tiempo para nada. Es ridículo. ¿ASÍ aspiro a la libertad? Empecé a eliminar las EN y a recordar todos los deseos que querría realizar, engendrar deseos alegres, y al cabo de cuarenta minutos volví al estado de la decisión de costara lo que costara conseguir un día libre. Era importante que fijara todos los deseos y las PI que surgieran después de los deseos. Creo que si no tuviera aquellas fijaciones, no podría engendrar la decisión. Lo mismo se refiere a la fijación de los deseos de cambiar de vida, o la claridad con relación a lo que me gustaba o no me gustaba de mi trabajo. Al ver qué complicado era hacer incluso un cambio tan pequeño me di cuenta que para la gente normal simplemente era imposible ir contra el ritmo acostumbrado de la vida, porque no se fijaba en nada y no analizaba nada ya que la fuerza de su costumbre y la fuerza de su concepción de que hay que ser como el resto del mundo eran enormes.

Encontré un fenómeno parecido cuando fijaba zonas muertas, y decidí emprender al menos un paso hacia adelante cada día y darles vida. El viernes me planteé la tarea de pasar el tiempo a partir del momento en que bajaría del metro hasta el  momento en que me sentaría en el trabajo sin el sentimiento de culpabilidad porque llegara tarde. Tengo casi cada día este sentimiento. Al acercarme a la oficina y sin dejar que apareciera el sentimiento de culpabilidad, me di cuenta que apoyaba la concepcion de que una persona estaba obligada a estar en el trabajo ocho horas y apareció la claridad de lo absurdo que era aquella concepción. Como resultado, el sentimiento de culpabilidad no apareció y me sentí libre. ¿Pero qué pasó después de comprender que era libre y podía liberarme a mí misma? ¿Creéis que surgió alegría? Nada parecido, tuve el deseo de volver para atrás, esconderme en mi madriguera, porque allí todo era habitual y no era otra vida desacostumbrada y desconocida y como resultado, incómoda. Cuando recordé mi decisión de cada día dar un paso hacia adelante surgió una verdadera lástima porque las tenebrosidades un día acabarán y no sabría qué hacer con la nueva vida. Otra vez me tropecé con la elección. Pero no se trataba de que no podía hacer algo, era que no quería hacer nada. Con la decisión de avanzar cada día era mucho más complicado que con el hecho de pedir un día libre en el trabajo. En el segundo caso había que dar sólo un paso y en el primero, tenía que recordar el objetivo de manera casi permanente. Era complicado, pero posible, además ya encontré la manera de hacerlo o de ser, recordaría las PI y las compararía con la vida que todos solían tener.